Porrúa

1984

George Orwell

El mundo de "1984" es una sociedad distópica en el que el planeta se divide entre unos pocos mega estados (Oceanía, Eurasia y Asia Oriental) que dominan continentes enteros. Ese mundo representa el triunfo absoluto de los gobiernos totalitarios que anegaron en sangre buena parte de la historia del siglo XX. Nuestro protagonista, Winston Smith, vive en la capital de Oceanía, Londres, mega estado que comprende el Reino Unido, Australia, las Américas, Nueva Zelanda y parte del sur de África. Lo primero que llama la atención es el estado constante de guerra que sufren los habitantes de Londres, pues periódicamente las bombas del enemigo destruyen edificios y matan gente en las calles. Se trata de una guerra infinita que dura ya décadas, todos los recursos del Partido se destinan a ganar esa hipotética confrontación a vida o muerte contra un enemigo difuso, cuya inhumanidad llega hasta el esperpento. Para dar salida a todos los graves prejuicios psicológicos que este estado de guerra total indefinido causa en la gente, el Partido cuenta con la válvula de escape de las ceremonias del odio. Ceremonias periódicas, de obligada asistencia, en las que se vuelca toda la rabia y frustración acumulada ante los imaginarios traidores, por medio de los cuales el Partido trata de opacar su propia incapacidad para conseguir un adecuado nivel de vida; o ante prisioneros de guerra enemigos que pasan, apilados en camiones como animales, y son expuestos para que se tome conciencia de la monstruosidad inhumana del mortal enemigo.

La sociedad en la que Winston deja pasar la vida, aunque pretendidamente igualitaria como buena sociedad totalitaria, está férreamente dividida en estamentos muy bien diferenciados. Por un lado están los miembros del Partido, que se dividen en miembros del Partido Interior (los que gozan de mayor nivel de vida material) y miembros del Partido Exterior, sufrido remedo de la regresiva clase media, a la que pertenece Winston. Por último están los denominados como proles, que son aquellos no vinculados al Partido a los que se les permite una mayor libertad (pueden formar libremente familias) pero cuyo nivel de vida linda con la penuria. El mundo de "1984" es un mundo sórdido de pobreza material y miseria moral, en el que las largas jornadas maratonianas de trabajo en pro del Partido son la norma y conseguir artículos de uso diario, como cuchillas para afeitar, es todo un logro. Las relaciones personales libres están prohibidas, siendo el Partido el que se encarga de concertar enlaces cuyo único fin es la procreación, estando mal visto que surja el amor en una pareja. Y es que el tratamiento de la sexualidad está totalmente reprimido para los miembros del Partido, no así para los proles, a los que se le llega a distribuir material pornográfico.

La vida de Winston Smith transcurre monótonamente, su principal actividad es trabajar para el Ministerio de la Verdad, órgano encargado de acomodar la realidad a los dogmas del Partido. En esencia, manipular, deformar y censurar la verdad para que encaje en la propaganda que genera incesantemente el Partido. Para esto Winston es el encargado de retocar o destruir fotos y textos de periódicos, revistas o libros. Y es que la mentira se ha institucionalizado como auténtico dogma de fe, lo cual se aprecia en uno de los lemas del Partido: La guerra es la paz. Hasta tal punto la mentira inunda todas las arterias de la vida, que los miembros del Partido llegan a desarrollar una habilidad psicológica conocida como doble pensamiento, herramienta por la cual manipulan la realidad según los intereses del Partido. Obviamente, el principal miedo que tienen todos aquellos que han vivido en un Estado totalitario es el de perder la vida. En "1984" Orwell acuña un eufemismo muy acertado para describir el proceso mediante el cual el Partido borra la existencia de alguien: vaporizar. Vaporizar viene a ser una actualización de la "damnatio memoriae" romana pero aderezada con la tecnología del siglo XX. Cuando alguien ha sido vaporizado toda su existencia es borrada de la vida pública con pasión enfermiza, las fotos en las que aparecía se retocan, su familia desaparece y sus conocidos fingen (por la cuenta que les trae) que jamás lo conocieron.

Al frente del Partido se encuentra una figura mitológica de la que se desconoce prácticamente todo, teniendo el mérito de ser ubicuo y un enigma al mismo tiempo. Esta figura, el Gran Hermano, es la encarnación de ficción de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin, segundo de los zares rojos y uno de los autócratas más sanguinarios de la historia. El Gran Hermano, del que ni siquiera se llega a saber si está vivo o no, es la figura omnipresente de la sociedad de "1984" pues todas las miserias y los esfuerzos que hay que sufrir se hacen en su nombre. Es tal el grado de control que el Partido tiene sobre la sociedad que en cada calle, en cada habitación, en cada oficina o en cada comedor público hay un aparato encargado de vigilar las más mínimas reacciones de todas las personas. Hoy en día diríamos que se trata de una cámara de vigilancia; Orwell, que vio venir de lejos lo que pasaría, lo nombró como telepantalla. Visto con la distancia que proporciona el paso de las décadas, recordemos que "1984" se publicó en 1949 y es aterrador la clarividencia del autor pues vivimos actualmente en un mundo en el que somos espiados a unos niveles inimaginables hasta para ese constructo hecho carne llamado Gran Hermano. Estas telepantallas crean una atmosfera psicológica en la que todo el mundo reprime sus reacciones físicas ante lo que está pensando, haciendo de la sociedad de Oceanía una en la que toda mentira y disimulo tienen su asiento. Cada miembro del Partido tiene la obligación de darlo todo por la causa ya que, como se repite hasta la locura en las páginas de "1984", el Gran Hermano te está vigilando hasta en sueños. De esta manera, si alguien comete un crimen del pensamiento dudando de la infalibilidad del Gran Hermano o de las noticias de victorias en desdibujados y remotos campos de batalla, la Policía del Pensamiento se encargará de reprimir al díscolo, vaporizándolo si reincide.

Uno de los pilares de la sociedad al que los totalitarios aspiran siempre en toda época y lugar a controlar es la educación. Y es que las garras del Partido también hacen presa en la familia ya que los jóvenes son sometidos a la propaganda masiva del régimen para deformar sus mentes y que se vuelvan inhumanas herramientas en manos del esquivo Gran Hermano. Con todo esto, lo que el Partido quiere lograr es llegar a controlar a las generaciones más mayores, ya que han sido testigos de cómo era el mundo antes de la irrupción del Partido. Apreciamos en las páginas de "1984" cómo hay casos de padres o madres que acaban en prisión denunciados como criminales del pensamiento por sus propios hijos. Como ya hemos señalado, la influencia del Partido es tan grande que llega incluso a intentar apropiarse y deformar la lengua según su conveniencia, rasgo que también podemos apreciar en nuestro mundo actual, creando un remedo de la misma conocido como neolengua. En medio de todo este desastre, Winston empezará a percatarse de que todo en su mundo es mentira. Poco a poco, merced a su trabajo de censura en el Ministerio de la Verdad, irá atando cabos y recopilando pruebas de que la realidad, o lo que el Partido entiende como tal, es constantemente alterada en un proceso de fabricación sin fin. La idea de que todo es mentira es el núcleo duro de "1984", la fe que tiene Winston en el Partido y, por ende, en el mundo que habita comenzará a resquebrajarse cuando empiece a percatarse de la magnitud de la mentira y a preguntarse cómo fue realmente el Londres anterior al Gran Hermano. Para colmo de males, una enigmática y joven mujer llamada Julia entrará en su solitaria vida de divorciado, pasando del estupor y desconfianza iniciales, hasta la más rendida y suicida de las pasiones hasta que ambos acaban por ser arrestados, reeducados y finalmente sometidos a la voluntad del Gran Hermano, a quien acaban amando más que a ellos mismos.

Sobre George Orwell

George Orwell, nombre de pluma de Eric Arthur Blair, nació el 25 de junio de 1903 en una provincia hindú del Raj Británico llamada Motihari. Su padre era un importante funcionario encargado de dirigir el comercio británico del opio mientras que su madre pertenecía a una familia de comerciantes franceses venidos a menos. A los dos años se trasladó con esta última y con Marjorie, su hermana mayor, a Inglaterra, hecho que provocó que no volviera a ver a su padre hasta 1907, cuando éste visitó Inglaterra durante tres meses, antes de partir de nuevo hacia la India. Para 1909, con seis años, es inscrito a una pequeña escuela parroquial anglicana en Henley, misma a la que había asistido su hermana mayor. Aunque no exista ningún escrito sobre sus recuerdos de aquella época, lo cierto es que debió de impresionar a sus profesores, pues dos años más tarde fue recomendado al director de una de las escuelas preparatorias de mayor renombre en Inglaterra por aquellos tiempos, St.Cyprian, en Eastbourne, Sussex, institución a la que asiste gracias a una beca que permitía a sus padres pagar solamente la mitad de la colegiatura. A pesar de estos factores a su favor, y quizá debido a su rebeldía innata ante las figuras de poder, Eric no se sentía a gusto en la escuela St. Cyprian, al menos en lo que se refiere a los métodos de enseñanza y a los profesores, no obstante que fue ahí donde consiguió ser becado para la escuela de Wellington y posteriormente para la de Eton, de la cual dijo, años más tarde, haber sido relativamente feliz, pues se les permitía a los estudiantes una considerable independencia. También es de resaltar que en esta institución hizo amistad con varios futuros intelectuales británicos como Cyril Connolly, editor de la revista "Horizon", en la cual se publicaron muchos de los ensayos de Orwell en su vida adulta.

Tras concluir sus estudios en Eton hacia 1922, y debido a que su familia no contaba con los recursos ni tampoco había posibilidades de conseguir —una vez más— una beca universitaria, Eric Blair decidió continuar la tradición familiar y desempeñarse como funcionario colonial al unirse a la Policía Imperial India en Birmania, en donde ocupó el cargo de oficial durante cinco años, tiempo más que suficiente para desarrollar un profundo odio crítico hacia el imperialismo, mismo que narra en algunos de sus reportajes y ensayos como «Un ahorcamiento» (1931) o «Matar un elefante» (1936), así como en su primera novela Días de Birmania (1934). Tras una crisis emocional tomó la decisión de renunciar a su plaza laboral y volver a Inglaterra en 1927, país en el que al quedarse sin dinero llegó a merodear durante un tiempo con los vagabundos del este de Londres, como jornalero en los campos de Kent y como friegaplatos en París, donde vivía con una tía intentando hacerse un nombre como autor. Entre tanto comenzó a ver la escritura como su salida a las crisis emocionales, además de un oficio al cual poder dedicarse el resto de sus días afrontando, con esta decisión, varios años de pobreza absoluta.

Abandona París en 1929 y regresa a la casa de sus padres en total quiebra, pero con dos proyectos que pronto habrían de germinar: Sin blanca en París y Londres (1933) y "Días de Birmania" (1934). La primera obra relata las difíciles condiciones de vida de las gentes sin hogar en ambos países europeos, mientras que la segunda es muy interesante porque a través de su autobiografía hace una fuerte crítica contra el imperialismo británico en tierras indias.

Es también en esa época (1933) que adopta el seudónimo de George Orwell con el propósito de no causar incomodidad a sus padres por los testimonios que hacía en libros como Sin blanca en París y Londres. El seudónimo surge de su afecto hacia la tradición rural inglesa, por lo que elige el nombre de George al ser el santo patrón de Inglaterra y que también correspondía al rey Jorge V, soberano británico en aquel entonces. Por otra parte, Orwell es el nombre de uno de los ríos más representativos para los ciudadanos ingleses, sin dejar de lado que él aseguraba que tener un apellido que comenzara con la letra O le sería beneficioso en el acomodo de sus obras en los estantes de las librerías.

Entre 1934 y 1935, convaleciente en casa de sus padres y manteniéndose con esporádicas clases particulares, redacta la que sería su segunda novela titulada La hija del reverendo (1935) en la que la protagonista, una mujer de edad madura que no ha sido desposada, encuentra su lugar en el mundo en medio de un poblado rural y compartiendo con los campesinos su día a día.

Al año siguiente ocurren dos sucesos relevantes en la vida de Orwell: se casó con Eileen O’Shaughnessy, quien murió sólo 9 años después, en 1945, a la vez que se le encarga realizar un reportaje social sobre la pobreza de la clase obrera en el norte de Inglaterra, dando a la imprenta su polémico relato "El camino a Wigan Pier" (1937). Su producción literaria se vio interrumpida con el estallido de la Guerra Civil Española, pues fue uno de los voluntarios que lucharon en el Ejército republicano durante el conflicto, a pesar de haber llegado a España como corresponsal, donde pronto se incorpora al frente de Aragón y posteriormente asciende al rango de teniente, resultando herido de gravedad en la garganta. Tras enfrentarse a tiros con los comunistas del PSUC en los sucesos de Barcelona en mayo de 1937, abandona el país para evitar ser fusilado. Fruto de esa experiencia escribió "Homenaje a Cataluña" (1938). Fue en este momento —considerándose él mismo un socialista— donde entendió el peligro del comunismo estalinista y las terribles consecuencias de adoptar un sistema de gobierno en el que los comunistas, con quienes luchaba codo a codo, podían llegar a ser tan totalitarios y opresivos como los fascistas.

En 1941 comenzó un trabajo propagandístico para la BBC, en programas de apoyo a la India y Asia. Estuvo en este trabajo durante dos años, hasta que renunció para trabajar en la revista de izquierda "Tribune", en la cual era columnista y editor literario. En 1947 vuelven los problemas por tuberculosis, por lo que los últimos años de su vida los pasa entre hospitales. Murió en Londres en 1950 a la edad de 46 años.

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