Porrúa

El maravilloso viaje de Nils Holgersson

Selma Lagerlöf

Imagino cada letra, cada palabra que ha sido escrita por la pluma de Selma Lagerlöf, puedo apreciar el olor de la tinta que aún no se adhiere al papel, por la humedad que deja a su paso, la intensa lluvia que no da tregua en Värmland.
Abro las ventanas y respiro el aroma característico del pasto, que ha sido acariciado por el rocío del alba; continúo leyendo de la pluma audaz de una mujer de sueños y de una gran convicción que en un mundo de hombres percibe a las mujeres como igualmente capaces de obrar proezas.
En la Suecia del siglo XIX, Selma nace en el corazón de una familia acomodada en Vármland; probablemente habría sufrido de displasia infantil de cadera, condición que la alejó de los juegos comunes de los niños de su época, y la llevó a refugiarse en otros juegos, en el ludus de los personajes de sus escritores favoritos.
Siendo mujer, Selma sólo podría aspirar a ser maestra, pero en el fondo guardaba la esperanza de algún día convertirse en escritora.
En 1887 los Lagerlöf se ven forzados a vender la propiedad en Värmland para poder pagar las deudas contraídas por el padre de Selma. Un mal manejo de las finanzas familiares, aunado al alcoholismo de su padre, dejó a Selma sumida en una profunda tristeza. Pero la tragedia estaría marcando los inicios de algo muy grande. Nace entonces La leyenda de Gösta Berling. La escritora sueca le apuesta a una historia que atraería los ojos de los lectores más exigentes de la Suecia de la época, que habían estado sumidos en el naturalismo y el realismo de los escritores más afamados.
Finalmente Selma decide inscribirse en el concurso literario de una revista. La leyenda de Gösta Berling logra seducir con el sello característico de Lagerlöf: el romanticismo; haciéndose así del primer premio. De la debacle económica pasa a conquistar el regazo y la tranquilidad de un sustento temporal derivado de su triunfo en Estocolmo, para así olvidarse de la academia y finalmente dedicarse a lo que siempre amó: escribir.
Transcurrieron varias páginas, historias y libros, para que finalmente en 1909 Selma lograra su mayor anhelo, el máximo reconocimiento del mundo de la literatura. La escritora sueca obtiene el premio Nobel en 1909 y se convierte en la primera mujer en ser distinguida con este galardón.
El maravilloso viaje de Nils Holgersson, sin duda es una de sus mejores obras. Dos años antes de ganar el Nobel de literatura, el gobierno sueco le pidió a la escritora hacer un libro para niños que pudiera utilizarse en las escuelas. De una manera magistral, Selma narra las peripecias de un niño llamado Nils, que trepado en el cuello de un ganso y tras ser convertido en un duende, recorre Suecia desde Escania a Laponia, para darse cuenta que en la vida los momentos de mayor desdicha dan paso a las más grandes bendiciones.
Este viaje sin duda es para hacerlo en familia. Puedo recordar a mi abuela que con voz cálida (esa voz única y característica que proviene del amor), me narraba las aventuras de Nils en Suecia. Sin yo saber donde quedaba Suecia y pensando que Nils vivía muy cerca… me dormía

-María Alejandra Molina
Tw: @MariaAMolinaB
Ig: @alemolina_oficial

Sobre Selma Lagerlöf

Selma Lagerlöf nació en una granja de la provincia de Värmland, próxima al lago Venerm, región cercana a la frontera con Noruega y lugar que resultaría fundamental en la futura autora tanto en su obra como en su vida, al punto que en sus memorias dedicó especial mención al contar la historia de esa propiedad, fundada por su tatarabuelo. Descendiente de una familia de pastores protestantes, la madre de la primera premio Nobel rehusó casarse con un pastor y en su lugar contrajo matrimonio con un militar de apellido Lagerlöf, y de cuyo enlace nacieron varios hijos. Selma, que era al principio una niña débil, tuvo a los tres años una parálisis momentánea —displasia infantil de la cadera—, que le impidió correr y jugar lo mismo en la nieve invernal, que sobre el verdor de los campos durante la primavera, cuando la naturaleza se cubre de flores y se produce el deshielo de lagos y ríos. En cambio, la niña escuchaba las historias que le eran contadas por lugareños, por el ama de casa, por el sargento Karl von Wachenfeldt, casado con una hermana del teniente Lagerlöf, y desde luego por su abuela; eran cuentos populares, sucesos acaecidos a personas de esas regiones y al escucharlos, la imaginación tejía en la pequeña extrañas telas de ensueño. En los días de festividades llegaban a Mårbacka músicos que tocaban bellos aires en sus instrumentos, los jardines se iluminaban con farolillos de papel, se improvisaba alguna comedia y se bailaba con esa ansia y alegría que por fortuna tiene siempre la juventud.

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