"Cuando se habla de comer, hecho por demás importante, sólo los necios o los enfermos no le dan el interés que merece".

-Laura Esquivel

Porque el amor empieza por el paladar

A través de este relato comprenderás que el gusto de saborear un buen platillo, va más allá de la calidad de los ingredientes. Lo que realmente importa es el amor con que se prepare. El cuidado y la dedicación que se invierta, siempre tendrá efecto en el resultado. Tita tenía ese don. Pero, ¿si acaso se cocinara, no con amor sino con pasión, tristeza o enojo?, ¿Cuál sería el resultado?. Sigue leyendo con nosotros este relato mexicano que conquistó miles de corazones y paladares.

¿A qué alude el título Como agua para chocolate?. ¿Por qué Laura Esquivel pensó que ese debía ser el nombre de su primera novela?

¿Has puesto a hervir agua o leche para hacer chocolate caliente?. Lo que sucede al agua es una alegoría a esta magnífica obra. Los sentimientos, emociones y sensaciones siempre se ubican a punto de ebullición, justo en el momento exacto en que las situaciones están por desbordarse. Todo en la historia sucede a flor de piel, y lo sorprendente es que la autora logra transmitirlo. Ella se sirve de un recurso fantástico y único, pues involucra a todos los sentidos. Es aquel que constituye uno de los mayores placeres de la vida: el maravilloso ritual de la comida y el mundo de la gastronomía... mexicana. A continuación, un ejemplo.

“Tita estaba como agua para chocolate, porque hervía de rabia, se sentía mal y enojada con Rosaura, porque ésta quería que su hija la cuidara hasta que ella muriera. No podía creer que su hermana obligara hacer a su hija, lo mismo que le hicieron a ella, arruinándole la vida. Por eso ella quería vivir hasta lo suficiente, para tratar de impedir que su hermana siguiera llevando a cabo esa tradición familiar."

Sobre la autora, se puede resaltar que nació en la Ciudad de México en 1950 y se dedicó a la docencia, al teatro infantil y a la elaboración de guiones cinematógrafos. Su primera novela es la que ocupa la silla de honor en este espacio. Fue escrita en 1989 y tras el súbito éxito, llevada a la pantalla grande bajo la dirección del mexicano, Alfonso Arau, en 1992.

En tanto, ¿Qué de esta obra impresionó tanto, que la convirtió en la más leída de su tiempo? Entre múltiples sellos que la distinguen, podemos destacar que Laura Esquivel experimentó con la técnica del “realismo mágico”, pudiendo mostrar lo "irreal o extraño como algo cotidiano y común dentro del desarrollo de sus personajes", para contar la historia de una familia y de un amor imposible.

A su vez, entendió que para que la magia se percibiera como algo común, tenía que ser por medio de los sentidos. Sin duda no había  mejor recurso que la comida y la cocina; donde se encuentra la hoguera, nacen los sabores y está el calor. Aquel espacio por el cual concebimos la idea de "hogar". Ahí había de nacer y vivir nuestra protagonista, Tita. 

La obra narra un episodio de la familia De la Garza. Mamá Elena, la dueña de un rancho en Coahuila es la madre de tres hijas, de mayor a menor: Rosaura, Gertrudis y Tita. Cuando la más pequeña nació, los eventos mágicos y las desgracias brillaron por su presencia, como leerás más adelante. Por ser la menor, tenía la obligación de seguir una tradición familiar que le costaría el amor pero le regalaría el don más maravilloso: guisar como nadie y poder transmitir su sentir con sus platillos. En la cocina que la vio llegar al mundo, "escaparán de su riguroso control los sabores, los olores, las texturas y lo que éstas pudieran provocar". Te compartimos el siguiente fragmento que presenta a nuestro personaje principal.

Fragmento de Como agua para chocolate.

Dicen que Tita era tan sensible que desde que estaba en el vientre de mi bisabuela lloraba y lloraba cuando ésta picaba cebolla; su llanto era tan fuerte que Nacha, la cocinera de la casa, que era medio sorda, lo escuchaba sin esforzarse. Un día los sollozos fueron tan fuertes que provocaron que el parto se adelantara. Y sin que mi bisabuela pudiera decir ni pío, Tita arribó a este mundo prematuramente, sobre la mesa de la cocina, entre los olores de una sopa de fideos que estaba cocinando. Como se imaginarán, la consabida nalgada no fue necesaria, pues Tita nació llorando de antemano, tal vez porque ella sabía que su oráculo determinaba que en esta vida le estaba negado el matrimonio. Contaba Nacha que Tita fue literalmente empujada a este mundo por un torrente impresionante de lágrimas que se desbordaron sobre la mesa y el piso de la cocina. En la tarde, ya cuando el susto había pasado y el agua, se había evaporado, Nacha barrió el residuo de las lágrimas que había quedado sobre la loseta roja: Con esta sal rellenó un costal de cinco kilos que utilizaron para cocinar bastante tiempo. Este inusitado nacimiento determinó el hecho de que Tita sintiera un inmenso amor por la cocina y que la mayor parte de su vida la pasara en ella, prácticamente desde que nació, pues cuando contaba con dos días de edad, su padre, o sea mi bisabuelo, murió de un infarto. A Mamá Elena, de la impresión, se le fue la leche. Como en esos tiempos no había leche en polvo ni nada que se le pareciera, y no pudieron conseguir nodriza por ningún lado, se vieron en un verdadero lío para calmar el hambre de la niña. Nacha, se ofreció a hacerse cargo de la alimentación de Tita, a pesar de que nunca se casó ni tuvo hijos. Ni siquiera sabía leer ni escribir, pero eso sí sobre cocina tenía tan profundos conocimientos como la que más. Mamá Elena aceptó con agrado la sugerencia, pues bastante tenía ya con la tristeza y la enorme responsabilidad de manejar correctamente el rancho, para así poderle dar a sus hijos la alimentación y educación que se merecían, como para encima tener que preocuparse por nutrir debidamente a la recién nacida. Por tanto, desde ese día, Tita se mudó a la cocina y entre atoles y tés creció de lo más sana y rozagante. Es de explicarse entonces el que se le haya desarrollado un sexto sentido en todo lo que a comida se refiere. Algunas veces lloraba de balde, como cuando Nacha picaba cebolla, pero como las dos sabían la razón de estas lágrimas, no se tomaban en serio. Inclusive se convertían en motivo de diversión, a tal grado que durante la niñez Tita no diferenciaba bien las lágrimas de la risa de las del llanto. Para ella reír era una manera de llorar. De igual forma confundía el gozo de vivir con el de comer. No era fácil para una persona que conoció la vida a través de la cocina entender el mundo exterior. Ese gigantesco mundo que empezaba de la puerta de la cocina hacia el interior de la casa, porque el que colindaba con la puerta trasera de la cocina y que daba al patio, a la huerta, a la hortaliza, sí le pertenecía por completo, lo dominaba. Todo lo contrario de sus hermanas, a quienes este mundo les atemorizaba y encontraban lleno de peligros incógnitos.

Si los ingredientes son una historia de amor y el relato de una familia, cuidadosamente mezclados, puestos en un molde de tradición culinaria mexicana y adornados de realismo mágico, el resultado es una explosión de sensaciones y emociones deshilvanadas en un relato que se queda en la memoria; apasiona y despierta el apetito para sentir, probar, vivir, amar y por supuesto, comer.

Libro: Como agua para chocolate. Laura Esquivel. Debolsillo, Penguin Random House Grupo Editorial.