Un libro se vuelve atemporal cuando su mensaje pervive y se mantiene vigente más allá del año en que fue publicado y por las décadas siguientes. Pocas son las obras que tienen la suerte de correr con ese destino y 1984 es una de ellas, razón por la que Círculo Editorial Azteca ha decidido incluirla como la tercera entrega de la Colección Clásicos Porrúa con una excelente introducción a cargo de Álvaro Cueva.

Antes de caer en el lugar común de afirmar que George Orwell —nombre de pluma de Eric Blair— nos legó una obra futurista, profética, en fin, una novela de ¡ciencia ficción!, hablemos mejor del pasado.

Se ha dicho, quizá injustamente, que el humor británico no suele ser del todo gracioso o, en su defecto, que es muy serio por lo que no conlleva a soltar una buena carcajada, si acaso a una discreta sonrisa de gentlemen refinado. Por lo menos, en estas líneas, afirmamos lo contrario en lo que a la literatura se refiere pues, ¿acaso Shakespeare no hizo que Titania, la poderosa reina de las hadas, se enamorara perdidamente de un actorsucho con cabeza de asno?; ¿no fue el Gulliver de Jonathan Swift quien inundó de orina el diminuto palacio real de Liliput, empapando a la corte real así como a Su Majestad, con tal de salvarlos del incendio que amenazaba en convertirlos en cenizas?; ¿las aventuras de Alicia, en los dos tomos ideados por Carroll, no resultan del todo hilarantes en cada una de sus páginas?; sin ir más lejos, invitamos a que cualquiera que lea esto se remita a los cómicos videos que abundan en la red cortesía del ingenio de los Monty Python, para que no quepa duda que los británicos entienden bastante bien lo referente a la comedia, quizá el género literario más difícil de lograr.

¿Y qué tiene que ver esto en la obra de Orwell? Todo, pues el sarcasmo implícito en Animal Farm, al reflejar a sus gobernantes en viles cerdos, da cuenta de ello; tocante al libro que nos ocupa, es verdad que hay muy poca risa en él, mas no así ironía, uno de los tantos matices de los que se compone la comedia.

Para ahorrar al lector inútiles debates, aclaremos que el género cómico, al menos en el plano literario, no se refiere al chiste fácil, a la broma de ocasión; Stephen King ha asegurado que escribe ficción de terror porque es más fácil asustar al público que hacerlo reír, esto debido a que en las obras trágicas la catarsis —o conocimiento— se hace de manera consciente mediante una anécdota concreta, mientras que en la comedia es de forma inconsciente a través de acciones que apenas se sugieren y que no parecen llegar a nada.

 

 

Ahora hablemos de las particularidades de 1984. El tema, sin lugar a dudas, es la preservación del poder del Estado a través de la enajenación de las masas; la trama sigue a uno de los integrantes de esta sociedad dominada ideológicamente; la anécdota se refugia en cómo este individuo decide hacer frente y rebelarse ante el poder hegemónico de una fuerza ubicua llamada «el Gran Hermano». En este punto podría pensarse que la ironía mencionada es inexistente, pero vayamos a uno de los pasajes más sentidos de 1984: Winston, el último de los habitantes que parece notar la miseria en que el Gran Hermano mantiene sumida a la sociedad, encuentra eco en Julia, con quien vive un breve pero intenso romance basado, sobre todo, en el rechazo que ambos sienten por la infelicidad que comparten las personas. Aunque las relaciones libres están prohibidas por el Partido Único, ellos deciden realizar el último acto subversivo que pueden llevar a cabo más allá de sus vanos planes por derrocar al sistema: amarse. Sabiendo de antemano que su lucha es inútil, Winston y Julia se prometen que en caso de ser arrestados no cometerán traición entre ellos; y la traición no es delatarse mutuamente, pues ante la inminencia de la tortura es comprensible, dicen, que cualquiera de los dos confiese sus actividades ilícitas; no, la traición es que el Partido Único logre que dejen de amarse, lo único que les pertenece, y que en cambio consiga que amen al Gran Hermano.

Hacia el final del libro, cuando ya todo se ha perdido, igual que una broma cruel, Winston y Julia se encuentran por casualidad y ambos aceptan su traición: ya no sienten nada el uno por el otro pero sí aman con locura al Gran Hermano. Es en ese final apoteósico que el último rebelde llora no de tristeza, sino de alegría por saberse parte del sistema, negra ironía que no escapó a la brillante reflexión que Álvaro Cueva nos regala en su excelente prólogo para esta bella edición.

Prólogo de Álvaro Cueva

«Todos tenemos libros que nos marcan, que amamos. 1984 es uno de los libros que más me han marcado, una novela que amo, que se robó mi corazón.

¿Sabes cuándo la leí por primera vez? Precisamente en 1984. Me pidieron que la analizara en el último semestre de la prepa y te juro que me hizo volar.

¿Por qué? Porque yo era un chavo muy inquieto, muy crítico, y este texto de George Orwell fue dinamita pura para mi cerebro. Quiero que te imagines por un momento lo que fue para los estudiantes de mi generación leer 1984 en 1984. El mundo era otro.

En aquel entonces, todo parecía indicar que Estados Unidos y la Unión Soviética se iban a declarar la guerra… ¡Nuclear!

México vivía una crisis económica, política y social espantosa. Devaluación, inflación, violencia. No te dejen engañar por la nostalgia de las series tipo Stranger Things. Nada de lo que te puedas quejar ahora se parece a lo que teníamos en aquel entonces.

Vivíamos en el infierno y todo era tan analógico que, en ese año, apenas en ese año, Apple lanzó al mercado su computadora Macintosh. La Mac.

Bueno, pues en aquel entonces, en aquel contexto, conocí a “Big brother”, a “El gran hermano” de 1984.

No tienes ni la más remota idea de la emoción que sentí, de la profunda identificación que experimenté con el protagonista de este libro ni de todas las ideas que me nutrieron, que me ayudaron.

¿Pero sabe qué es lo más maravilloso de todo? Que ahora que volví a leer esta novela toda esa emoción, toda esa identificación, todas esas ideas, se multiplicaron.

Entre más pasa el tiempo, más fabulosa se pone 1984. George Orwell no escribió este texto pensando en ese año. Como sabes, 1984 se llama así porque el autor invirtió los números del año de su escritura: 1948.

Tengo la impresión de que este gran genio de la literatura escribió esta joya como si hubiera sido San Juan escribiendo “El Apocalipsis”. Lo hizo para un futuro que era 1984, pero para un futuro que también es hoy y, por supuesto, para un futuro que también será mañana.

Por eso 1984 es ficción distópica, ficción que habla de una sociedad posterior a la nuestra, de una sociedad postapocalíptica que nadie quisiera que llegara a existir pero que, tristemente, se parece demasiado a la que tenemos.

Estamos ante una obra maestra de la literatura universal, ante un libro que debería ser material obligado en las escuelas porque no hay persona en sus cinco sentidos que no se sienta tentado a comparar lo que aparece en este libro con lo que estamos viviendo.

¿Quién es “El gran hermano”? ¿Internet? ¿Las redes sociales? ¿Esa camarita que nos acompaña a todas partes y que, como no queriendo la cosa, nos mira y nos graba?

¿Quién es “El partido”? ¿Nuestro gobierno? ¿El gobierno de alguna superpotencia? ¿Las grandes corporaciones que nos obligan a vivir entre limitaciones y consumo?

¿Quién es “La policía del pensamiento”? ¿El algoritmo que registra lo que miras en internet? ¿El dispositivo que registra hasta los latidos de tu corazón sin que lo percibas?

Date cuenta, por favor, de la profunda sabiduría que hay detrás de esta novela. Aquí se habla de todo lo que estamos padeciendo hoy: de las “fake news”, de la cultura del terror, de cómo cuando “la prole” se entretiene, se vuelve vulnerable. Bueno, ya, el colmo, se habla de una manera muy metafórica de la vida íntima que muchas personas están llevando a través de las apps y de cómo limitando el lenguaje de la gente, los hombres y las mujeres se vuelven más manipulables.

¿Te das cuenta de la bomba ideológica que tienes en las manos? ¿Ya te pusiste a pensar en todo lo que se podría conseguir si este libro se leyera a gran escala?

Por si todo lo que te acabo de decir no fuera suficiente, 1984 es una novela muy entretenida, apasionante, divertida.

No hay manera de comenzarla y de no devorarla. No hay manera de meterse en ella y de no darle las gracias a George Orwell por haberla escrito.

Lucha por conocer este libro ya, por leerlo, por comentarlo, por retar a tus amigos a que lo descubran y a que no encuentren la vergonzosa relación que existe entre lo que está aquí, en el papel, y lo que tenemos enfrente, en el mundo real, en nuestra vida, en nuestra alma.

Bienvenido a 1984. Bienvenido a uno de los libros que más me han marcado y que más amo. Te va a gustar. Te lo juro.»

–Por Álvaro Cueva

Libro: 1984. George Orwell . Colección Clásicos, Editorial Porrúa y Círculo Editorial Azteca. Prólogo por Álvaro Cueva.