El ensayo, la poesía y la anécdota se funden en el nuevo libro del autor chileno. Foto: Angélica Pacheco Mendoza.

La literatura suele ser la fosa común de los malos padres. Al menos, eso nos han enseñado las generaciones de autores (y muy recientemente ciertas autoras en México), que ven en sus libros la oportunidad de un ajuste de cuentas con aquellos progenitores que por ausencia o laxitud les desmedraron la vida. No en balde el inicio de Pedro Páramo, epítome de esta visión del mundo que imperara hasta hace tiempo.

En el caso de Literatura infantil (Anagrama, 2023) de Alejandro Zambra (Santiago, 1975) esa visión se pone en duda y, asimismo, da la bienvenida a los nuevos padres latinoamericanos que ahora se entregan con cariño al cuidado de sus hijos, pero quienes, como el autor chileno, escriben además libros sobre los gestos de los pequeños y su manera de mirar el mundo, con la intención de abrazar hasta el más mínimo detalle de ese niño que aprende a desarrollarse cada día, y cuya mirada los conmueve.

“A mi generación nadie le dijo cómo ser padre. Si acaso, nuestros padres nos enseñaron a ser hombres, pero nunca padres.” Éste es el tema de Literatura infantil, un libro de invención varia (ensayo, anécdota y poesía, entre sus géneros) donde línea tras línea se va revelando la necesidad de una nueva postura en torno a la paternidad, una donde el asombro del mundo infantil y las primeras experiencias nutran al anquilosado o insensible hombre latinoamericano, que según Zambra ya no tiene cabida en este tiempo. Un hombre que no tema enternecerse con sus hijos, por decirlo de algún modo.

Foto: Rogelio Pineda Rojas

Alejandro Zambra y Verónica Murguía en la presentación de Literatura infantil durante la FIL de Guadalajara 2023. Foto: Rogelio Pineda Rojas.

“Este libro es un homenaje a todos aquellos que hemos presenciado cómo un hijo descubre el habla”, comentó Zambra durante la presentación de su libro en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2023. “Pues no existe nada más conmovedor que ver a un ser humano aprender”, completó Verónica Murguía, autora de libros juveniles, como Loba (SM, 2013), y también de clásicos de la cuentística mexicana reciente, como El ángel de Nicolás (ERA, 2004).

Si bien se dice que los niños aprenden del ejemplo de sus padres, en estas páginas Silvestre (el hijo del autor) tiene un modelo ejemplar: tanto su madre, la poeta Jazmina Barrera, como su padre, son autores de sobrada valía.

De esta manera, Zambra con Literatura infantil ha pasado de crear una literatura del yo, escrita desde la habitual soledad autoral, a elaborar una literatura del “nosotros”. Y así lo admite en sus Agradecimientos:

“Jazmina y Silvestre son los verdaderos autores de este libro y llevo varias horas intentando una frase racional, de esas con sujeto y predicado, que esté a la altura de mi gratitud, pero tengo que irme justamente porque Silvestre sale del colegio a la una y media: me gusta llegar quince o veinte minutos antes de que abran el portón y él corra a abrazarme como quien vuelve de un larguísimo viaje por desiertos y sabanas”.

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Literatura infantil
Anagrama, 2023
226 pp.